Raúl Martell
Dedicatoria del presidente Andrés Manuel López Obrador a Raúl Martell
Crónica · 2026

El saludo del presidente

Por Raúl Martell

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«Para Raúl Martell mi amigo y compañero, precursor del movimiento de transformación»

— Andrés Manuel López Obrador

Preludio · El despertar cívico

De bohemio a cantautor de luchas sociales

Comencé a cantar profesionalmente a muy temprana edad; a los 18 años ya estaba integrado de lleno en la vida artística. Mucho antes de convertirme en un cantautor de temática social o de sentir algún interés por la política, acumulaba más de dos décadas de trayectoria. Mi existencia estaba dedicada por completo a la música popular. Tenía como meta triunfar en el espectáculo y, para 1999, ya contaba con una vasta producción musical forjada en los escenarios. Había viajado cantando por diversas ciudades de México y tuve la fortuna de llevar mi arte hasta Japón. Trabajé como productor para festivales de la talla de Valores Juveniles y como arreglista para el festival OTI. Mis composiciones ya eran interpretadas por figuras destacadas como Vikki Carr y Aída Cuevas, entre muchos otros. Era joven, estaba lleno de ilusiones y mantenía viva la esperanza de convertirme en una gran figura; mi realidad, en aquellos años, estaba muy alejada de las luchas sociales y de la política.

Desde hacía más de una década, mi rutina incluía presentaciones en bares, hoteles, restaurantes y centros nocturnos. Simultáneamente, estudiaba en la Facultad de Música de la UNAM y realizaba arreglos, transcripciones y producciones para otros artistas y compañías discográficas. También componía para cine y comerciales. Gracias a esta diversidad de actividades, mis ingresos eran regulares y me permitían vivir cómodamente. Lejos de cualquier presunción, pero como una referencia fiel de aquella época, baste decir que me compré un departamento en el sur de la Ciudad de México con las ganancias obtenidas en apenas seis meses. Nunca me preocupaba por conseguir trabajo; utilizaba un localizador (BIP) para recibir encargos y propuestas. Cuando no me llamaban para un proyecto, siempre surgía otro, como aquel en el que tuve el privilegio de trabajar durante 3 años con Angélica María, la afamada "novia de México".

I · El declive

El error de diciembre

Pero las cosas cambian, y todo se transformó en 1994, el año del llamado "error de diciembre". Bajo el "gobierno" de Ernesto Zedillo fue que mis ingresos empezaron a disminuir drásticamente. Mis llamados, otrora abundantes, comenzaron a disminuir, y observé que todos mis compañeros, artistas y músicos, estaban en la misma situación. Supe que aquello no era normal y que debía buscar nuevos caminos para enfrentar un futuro que se vislumbraba incierto y peligroso.

En el ambiente artístico empezaban a infiltrarse grupos de delincuencia organizada. Comenzaron a controlar palenques, ferias de pueblo y los mismos lugares donde yo habitualmente trabajaba. Ante esa amenaza tangible, encontré en los movimientos sociales y políticos de izquierda una vía para continuar con mi actividad creativa y, al mismo tiempo, ayudar a generar conciencia para evitar que México se fuese al carajo.

Mi realidad estaba muy alejada de las luchas sociales y de la política.

En aquel entonces, apenas tenía un par de años integrado a asociaciones ciudadanas. Nunca había tenido interés en la política, pero la crisis nacional me obligó a buscar respuestas. Fui invitado a una organización llamada Causa Ciudadana, que encabezaba José Agustín Ortiz Pinchetti, cercano colaborador de Andrés Manuel López Obrador, y también acudí de manera regular a reuniones del PRD en la delegación Benito Juárez. Ahí conocí a varios compañeros que hoy son personajes destacados en el Gobierno de México. En aquel entonces creía, con buena fe, que en esos grupos todos buscábamos el bien común. De López Obrador aprendí pronto una lección fundamental: «la política no es un día de campo». Pero eso, como todo en la vida, es otra historia que contaré más adelante.

II · El encuentro

La invitación que cambió mi vida

Fue en 1999 que fui invitado por Martí Batres Guadarrama a participar en un evento de campaña del candidato Andrés Manuel López Obrador, quien entonces competía por la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, bajo la agrupación política "Alianza por México". El mitin se realizó enfrente de la escuela Eduardo Novoa, en la colonia Portales de la alcaldía Benito Juárez.

Como solía ocurrir, comencé a cantar antes de que llegara el candidato. En todos los eventos políticos, se piensa que los artistas servimos únicamente para entretener, y nadie nota que precisamente, en eventos políticos, los artistas somos difusores de conciencia y que tenemos una poderosa influencia en el público. Por tanto, cuando López Obrador llegó, mi participación ya había concluido. Él no me escuchó y, por supuesto, no me conocía en ese momento, aunque tiempo atrás nos habíamos saludado de manera efusiva en el Auditorio Nacional.

El candidato tenía por costumbre otorgar la palabra al público; escuchaba con atención y luego hacía su planteamiento político. Conociendo esa dinámica, me anoté en la lista para hablar. Tocó mi turno, tomé el micrófono y me presenté: «Soy Raúl Martell, cantante y compositor. He cantado en varios eventos donde tú has estado, pero siempre lo he hecho antes de que llegues; por tanto, no te has enterado ni de mi presencia ni del contenido de mis canciones». Dicho esto, me arranqué a cantar a capella mi canción «Patria». Andrés Manuel López Obrador me miró fijamente y escuchó con muchísima atención:

A pesar de tus años
Tienes alma de niña
Inocente, genuina
Corazón de mujer
Y en mi alma reanimas
La esperanza, los sueños
Cuando veo que en tu suelo
Algo empieza a crecer

Nuevos vientos recorren
Tus montañas y mares
Y el sinfín de cadenas
Se comienza a romper

Con el nuevo milenio
Vienen ya nuevos bríos
Y colores más vivos
Nuestra casa pintarán

Patria, patria mía
Algo se está moviendo
Algo está por llegar
Patria, patria mía
El amor de tus hijos
Ya comienza a despertar

Patria, patria mía
El valor de la raza
Ya se mira valer
Patria, la conciencia
Por un nuevo destino
Más allá del poder

Cuando terminé de cantar, el público aplaudía entusiasmado. Él también lo hizo, se me quedó viendo y me hizo un claro gesto de aprobación con el rostro.

III · El parteaguas

La gira de los 1000 puntos

Al terminar el evento, López Obrador me preguntó con su acento tabasqueño inconfundible: «¿Por qué no te vienes con nosotros a la gira?».

Esa invitación fue un parteaguas en mi vida. Marcó un antes y un después, dejé toda mi actividad artística, abandoné mis anhelos de triunfo y me puse la camiseta de la lucha social, y a partir de ahí acompañé a López Obrador diariamente en todos los puntos donde se presentó. Esa campaña se llamó "La gira de los 1000 puntos", y la coordinaba René Bejarano, recorrí con él 875 eventos. De lunes a viernes hacíamos cinco puntos en la Ciudad de México, y sábados y domingos realizábamos diez. Yo estuve en todos ellos; lo hice sin recibir ni un solo peso.

Mi paso por esa campaña fue, según me dijo Ernesto Prieto —quien después fuera director de la Lotería Nacional y del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado—, una hazaña. Quizás sí lo fue, pero en el fondo era la necesidad que yo sentía de aportar con mi voz y mis canciones a la conciencia y al despertar del pueblo de México. Despojado de cualquier vanidad, puedo afirmar que soy el único artista que acompañó a López Obrador en más de 1000 eventos sin cobrar un solo centavo. En aquellos años, incluso mi nombre desapareció tras la sombra del candidato; cuando la gente me veía por la calle, solo me gritaba: ¡Ahí va el cantante de López Obrador!

Continuará...
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